Sistemas Agroalimentarios: la avicultura en la Argentina

publicado por paanews el 15 Octubre, 2009

La Argentina registra desde el inicio del proceso denominado “la avicultura industrial” (1960) un sostenido crecimiento tanto en la producción como en el  consumo de la carne aviar. Este crecimiento ha tenido una gran importancia durante los últimos 20 años, aunque el proceso comenzó a gestarse en los 70.

En 1976, comienza el proceso de integración vertical y coordinación vertical con los engordadores de pollo. Si se quería ser competitivo había que coordinar etapas de la cadena productiva y vender  el pollo terminado eviscerado. Los engordadores contaban con el know how de la producción y la infraestructura (los galpones), pero no podían afrontar nuevas crianzas de pollos por incapacidad económica o financiera. Así las cosas, entre 1976 y 1983 el sector quedó en parte integrado, produciéndose dentro de algunas empresas los huevos fértiles, los pollos BB, el alimento, la faena y distribución. Otras empresas optaron por la coordinación donde se realizaban contratos con los engordadores de pollo, para luego faenar y comercializar el pollo (ver Figura 1).

Figura 1: Diseños organizacionales en la industria avícola argentina

g1

El primer caso se dio cuando los agentes internalizaron más de una etapa de la cadena.  Por ejemplo, engordadores que contaban con galpones de engorde y luego adquirieron primero plantas incubadoras y luego construyeron plantas frigoríficas, mientras que la coordinación vertical se dio en el caso de los engordadores de pollo que tenían una baja capacidad financiera y gerencial para la integración y querían continuar en la actividad.  De esta forma, trataban de hacer contratos con agentes arriba y debajo de la cadena (faenadores y proveedores de pollitos bebé).  En este caso, el engordador de pollos firma un contrato con el “coordinador”, donde el primero se obliga a poner galpones, manejo y energía (luz y gas), y el segundo se obliga a proveer de pollos bebés, el alimento y la sanidad.  Al finalizar el engorde, el engordador recibe un precio por pollo engordado, sumado bonificaciones o castigos dependiendo del nivel de eficiencia de conversión de alimento, del uso de energía o del porcentaje de mortandad.  Esto permite generar un mayor incentivo por parte del engordador de pollos a producir eficientemente y por tanto, tener mayores ingresos. Paralelamente, la empresa coordinadora disminuye los costos de control de producción y se asegura un mayor número de aves a faenar.

Esta innovación organizacional redujo considerablemente los costos de transacción. Por otra parte, el sector empezó a incorporar mayor tecnología de procesos (reproducción, incubación y engorde) y de productos (faena y terminación del pollo). El ciclo de producción durante los ‘90 se redujo de 60-70 días a 50, aunque algunas empresas logran mayor eficiencia. Además, se incrementó la capacidad de faena de las plantas frigoríficas, con inversiones en frío, logística y gestión de la calidad e inocuidad.

Como consecuencia de las innovaciones mencionadas, la faena se duplicó entre los 70 y la década de los 80. Durante la década de los 90 la faena se volvió a duplicar, reduciéndose durante la crisis de 2001 y 2002. A partir de ese momento la faena volvió a aumentar, llegando para la campaña 2009 a las 560 millones de cabezas (estimado) (ver Figura 2).

Figura 2: Faena de pollos en la Argentina (período 1971-2009)

g2

Fuente: elaboración propia en base a datos de CEPA y SAGPyA

En la siguiente figura se observa la evolución de la producción de carne aviar y la relación producción/faena, el cual es un indicador de productividad por animal faenado. Se observa que en los últimos 6 años la producción pasó de casi 600 mil toneladas a las 1,45 millones actuales. Actualmente, la producción de carne aviar representa la mitad de la producción de carne vacuna argentina.


Figura 3: Producción de carne aviar y relación producción/faena (período 1980-2009)

g3

Fuente: elaboración propia en base a datos de CEPA y SAGPyA

Pero este aumento de la faena y la producción no hubiera sido tal si el valor de la carne aviar en la Argentina no hubiera experimentado una reducción de costos al consumidor durante la década de 1990, sobre todo cuando la carne vacuna mantiene un valor relativo bajo, comparando con países desarrollados (ver figura 4). De esta forma, el consumo de carne de ave en la Argentina tuvo un aumento más que significativo, de casi 10 kg./hab./año durante los 70 y 80 a 18 kg./hab./año a principios de los 90 y 33 kg./hab./año durante 2009 (SAGPyA, ver figura 5).

Figura 4. Evolución de los precios minoristas y precios mayoristas de pollo (1990-2009)

g4

Fuente: elaboración propia en base a datos de SAGPyA

Figura 5. Evolución del consumo aparente y consumo per cápita en la Argentina (período 1980-2009)

g5

Fuente: elaboración propia en base a datos de SAGPyA

Se destaca que durante los 90 el sector avícola competía contra el pollo importado de Brasil, el cual tenía menores costos que el local. Como se observa en la figura 6, a partir de 1999 las importaciones fueron en descenso y en la actualidad se importa muy bajo volumen (menos del 2% de la producción total).  Mientras tanto, las exportaciones eran inexistentes durante los 80, rondaron el 2% de la producción durante los 90 y, a partir de la devaluación, aumentaron  considerablemente (en efecto, durante 2008 se vendieron al exterior 230 mil toneladas, es decir un 16% de la producción total).

Figura 6. Evolución de las importaciones y exportaciones de carne aviar (en toneladas), y porcentaje de las importaciones y exportaciones sobre la producción total (período 1980-2009)

g6

Fuente: elaboración propia en base a datos de SAGPyA

Finalmente, se destaca la participación de las exportaciones de la Argentina en los diferentes países. La figura 7 muestra las exportaciones en volumen para el año 2007, discriminado por bloques regionales, mientras que la figura 8 los muestra en valores FOB.

Figura 7. Participación relativa de los distintos bloques exportados, en volumen (año 2007)

g7

Fuente: CEPA

Figura 8. Participación relativa de los distintos bloques exportados, en valores FOB (año 2007)

g8

Fuente: CEPA

Entonces, se puede concluir que las primeras grandes innovaciones en el sector aviar se dieron en el ambiente organizacional y tecnológico, con un proceso de integración y coordinación vertical que comenzó en la década del 70 y se fue profundizando en las siguientes. Esto le facilitó la incorporación de nueva tecnología y posibilitó comenzar a desarrollar procesos propios a lo largo de la cadena.  El sector pasó de un diseño organizacional con altos costos de transacción y producción en los años 60 a un nuevo diseño de negocio de clase mundial (precio y calidad).

A partir de 2000, los procesadores avícolas, mediante la organización que los agrupa -Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA)-, comenzaron a trabajar en los aspectos estratégicos a medio y largo plazo para el sector. Esta organización se encarga, entre otras cosas, de la difusión, información, seguimiento y contacto de los pollos argentinos y sus derivados en el país y en el mundo y ha sido la que asumió el liderazgo en la coordinación del sistema.

Así los procesadores avícolas, nucleados en CEPA, conforman una red de organizaciones con una visión sistémica y de largo plazo, donde cada una de las organizaciones que la conforman mantiene su autonomía más allá de la inter-dependencia generada con los otros nodos. Así se han trazado un ambicioso plan estratégico sectorial. Este plan les permitió aunar esfuerzos en la cadena y direccionarlos en objetivos comunes en la búsqueda de la competitividad sistémica más allá de los objetivos individuales de cada empresa.


Para más información, contactarse con

Sabrina Pont

Prensa y Comunicación

PAA FAUBA

E-mail: paa_comu@agro.uba.ar


Escribe un comentario