Entrevista con Pablo Caputi, director de Información y Análisis Económico del Instituto Nacional de Carnes (INAC) de Uruguay
“El Estado argentino debería ver en el sector ganadero una palanca de desarrollo”
Entrevista realizada por Fernando Mogni (fmogni@agro.uba.ar) y editada por Sabrina Pont (paa_comu@agro.uba.ar).
A decir de Pablo Caputi, director de Información y Análisis Económico del Instituto Nacional de Carnes (INAC) de Uruguay, a nivel mundial se espera que el Mercosur en su conjunto pueda ofrecer entre el 40 y el 50 por ciento de las exportaciones globales de carne vacuna.
En efecto, de las 7 u 8 millones de toneladas que se mueven en el mundo, el Mercosur tiene posibilidades de producir entre 3 y 4 millones de toneladas: Brasil elaboraría para el mercado internacional dos millones de toneladas, la Argentina podría colocar un millón de toneladas en el exterior, y Uruguay y Paraguay completarían el resto.
Según el especialista, Brasil hizo su parte, exporta dos millones de toneladas y tiene una gran diversificación de destinos. Uruguay cumplió su misión: llegó a exportar 470.000 toneladas en 2006, ahora quizás un poco menos, más cerca de las 400.000, que es donde puede estar. Paraguay viene creciendo y hoy alcanza las casi las 300.000.
La gran incógnita es por qué la Argentina no cumple su rol de exportar un millón de toneladas. “Todavía tiene la marca mundial de mayor reputación en calidad de carnes pero se ha autolimitado a exportar medio millón, justificando 40.000 toneladas por mes a través de una decisión de política interna”, explica el representante del INAC de Uruguay.
De acuerdo con Caputi, desde hace unos años tanto Uruguay como Brasil han sabido ocupar los espacios en el mercado internacional de carne vacuna que va dejando libre la Argentina. “Sin dudas, la Argentina no puede dar tanta ventaja durante tanto tiempo sin consecuencias”, completa.
Para Uruguay, en el corto plazo esa situación puede ser favorable pero, a entender de Caputi, no ocurre lo mismo si se piensa en el largo plazo.
“Si la Argentina mantiene su postura, la región se puede contaminar de políticas equivocadas”, opina el especialista. “El Estado argentino debería ver en el sector ganadero una palanca de desarrollo, pero sólo ve un segmento de dónde sacar renta y generar un conflicto en la visión urbana de lo rural. Si hay algo que se le podría pedir a la institucionalidad agropecuaria es que el mensaje sobre la importancia de los agronegocios tiene que llegar de una forma mucho más nítida y no puede ser tan reactivo”.
¿Cuáles son las previsiones en cuanto a la demanda mundial de carnes?, preguntamos a Caputi.
En el largo plazo, la demanda mundial de todas las carnes esta creciendo a una tasa de entre el 2 y el 3 por ciento anual, pero esa demanda no se incrementa igual en los países desarrollados que en los que están en vías de desarrollo.
El gran crecimiento se espera que se dé en los próximos veinte años en los países en vías de desarrollo: Brasil, Rusia, India, China, por ejemplo, y también en algunos países de África. Esa es la trayectoria en el largo plazo.
En 2008, que fue el año del boom de los precios de los granos y de las carnes, esa tendencia hacia el alza de los precios se vio afectada un poco por la dinámica de la oferta y la demanda pero también un poco por factores especulativos. Entonces, cuando se desata en septiembre la crisis internacional, sabíamos que iba a haber un ajuste a la baja y que los sectores que más iban a verse perjudicados eran el financiero en primer lugar, porque se trataba de una crisis de créditos, y por otro lado los sectores de consumos suntuarios, como por ejemplo el turismo y algunos tipos de bienes. Lo que no se deja de consumir aunque haya crisis son los alimentos, quizás bajan un poco los niveles de demanda, pero igualmente se mantienen altos. Y eso fue exactamente lo que pasó: los alimentos no van a alcanzar seguramente los precios eufóricos de 2008, pero si tal vez los de 2007 y algunos productos van a estar por encima de los de ese año.
Es decir, los alimentos resisten bien la crisis y nuestros países, que son grandes productores de alimentos, tienen allí una oportunidad. La crisis nos ha obligado a repensar un montón de cosas pero no nos ha obligado a repensar lo que pensábamos antes con respecto a los alimentos.
Es más difícil expandir la oferta que la demanda y es por eso que en este momento hay una escasez relativa. Hay otros factores también. Por ejemplo, influyen en la escasez la disponibilidad de recursos naturales y los factores ambientales como el control de emisiones de gases de efecto invernadero. Es decir, hay restricciones que nos pintan de optimismo en cuanto al tema de los precios.
Si uno se fija en las tasas de crecimiento de los países desarrollados y en vías de desarrollo, los primeros este año van a tener caídas del PBI (Producto Bruto Interno) del orden del 2, 3 y algunos hasta el 4 por ciento y se va a desplomar el consumo. Pero los países en vías de desarrollo van a crecer un 2 o un 3 por ciento y, como la demanda de carnes esta creciendo en esas naciones, se equilibra.
¿Cuáles son las diferencias entre Uruguay y la Argentina en cuanto a políticas ganaderas?
La estrategia de Uruguay fue exportar el volumen que más o menos se esperaba pero aprovechó buenas cotizaciones. Entonces, la crisis encontró a las empresas industriales y a las ganaderas capitalizadas. ¿Cómo resolvió el tema de los defasajes entre los precios internacionales y los internos? Se negociaron algunos cortes. Esa medida no tuvo un gran efecto económico pero si fue una buena señal hacia la población de que había una preocupación sobre el tema, sin poner freno a las exportaciones. En esos acuerdos también hubo en parte renuncia fiscal, es decir que se dejó de recaudar el IVA de la venta de algunos cortes por unos meses predeterminados.
¿Cuál es el problema que a mi entender tiene la Argentina?
Que el 90% de la carne vacuna que produce se destina al mercado interno. Uruguay sólo destina al mercado interno un 30% de su producción, es decir que en un 70% depende de la exportación y por eso, si no exporta, se resiente toda la actividad económica.
Más allá de eso, creo que el camino que tomó la Argentina es pan para hoy y hambre para mañana: en el corto plazo, contiene los precios para el mercado interno (y habría que ver cuánto, porque habría que tener índices fiables para confirmar eso) pero, para el mediano y largo plazo, la señal de desestímulo para la cadena es muy clara -y otras alternativas como la soja, por ejemplo, van a terminar siendo más interesantes que la ganadería-. Creo que la política argentina es equivocada.
Al restringir la oferta, va a aparecer otro problema: la suba de los precios. Y ahí, se desata un círculo que lleva a la caída del stock y de la producción. Entonces, la Argentina no va a poder comercializar en el exterior más de medio millón de toneladas, ese va a ser su techo. Por supuesto, va a seguir exportando el Hilton y los cortes más valiosos pero no va a ser un gran jugador en el mercado internacional. En ese sentido, la Argentina tiene que tomar una decisión grande. Todavía tiene la marca de mayor reputación, pero esa marca la están erosionando.
