Un paso más en la Siembra Directa: la Agricultura Certificada
Estiman que posicionaría a la soja argentina en la Unión Europea
Al estar alineada con una creciente tendencia mundial de demanda de alimentos que exige garantías de sustentabilidad ambiental y social, la Agricultura Certificada permite abrir hoy nuevas perspectivas y grandes oportunidades para la producción agropecuaria nacional y el desarrollo integral de los agronegocios.
En efecto, a mediados de marzo la Comisión Europea (CE) ha finalmente implementado la Directiva de uso de Energías Renovables en la que se incluye la soja como una de las materias primas posibles y establece una serie de exigencias de sustentabilidad y certificaciones para los países que quieran cubrir la demanda de biocombustibles del viejo continente. En ese contexto entra en escena el novedoso concepto lanzado hace un año por la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (AAPRESID).
A decir de Sebastián Senesi, subdirector del Programa de Agronegocios y Alimentos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (PAA-FAUBA), de la mano de AAPRESID los productores argentinos de biodiesel a base de soja tienen la trascendente posibilidad de posicionarse en el mercado a nivel mundial y cumplir con los requisitos de certificación de la Unión Europea. “No sólo ese agronegocio se beneficia con la iniciativa. Como se trata de certificar procesos y no únicamente productos, la sustentabilidad se alcanza a todos los eslabones que componen la cadena productiva. Podemos tener del mismo modo harina y aceite de soja certificados bajo un sistema sustentable de producción”, explica el subdirector del PAA, que actualmente trabaja en conjunto con AAPRESID en la dirección estratégica de la iniciativa Agricultura Certificada.
Buena idea
Para Senesi, la iniciativa de AAPRESID es altamente innovadora tanto a nivel tecnológico, institucional y organizacional.
“En general, los requerimientos de certificación dependen de las presiones de los consumidores o de las disposiciones de organismos vinculados al sector o de decisiones estatales o de un conjunto de países que conforman una región (como sucede con los biocombustibles). Pero en este caso, la inquietud por certificar procesos agrícolas surgió de los propios productores”, indica el subdirector del PAA.
Según los representantes de AAPRESID, la Agricultura Certificada marca la evolución de la Siembra Directa (SD) y sienta las bases de una nueva revolución en el sector.
“La SD y su factibilidad de certificación se combinan y se constituyen en la alternativa productiva que mejor conjuga los intereses de alcanzar una producción económicamente rentable para las empresas, ambientalmente sustentable, socialmente aceptada y energéticamente eficiente”, completan los voceros de la entidad.
La implementación de la Agricultura Certificada requiere llevar adelante un conjunto de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y paralelamente supone el registro de la gestión agronómica y la medición de indicadores químicos y físicos del suelo; para la posterior auditoría y certificación del proceso productivo.
La rotación de cultivos, la presencia de cultivos de cobertura, el manejo integrado de plagas, la nutrición balanceada y la restitución de nutrientes; así como el uso racional y profesional de insumos externos, el registro de las tareas y productos y la sistematización de esa información, conforman las bases para un certificado de calidad de procesos y productos.
En numerosos casos, la productividad ha aumentado, por mejora de la fertilidad física y química, y la más eficiente economía del agua. También se reduce el consumo de combustibles fósiles empleado en el laboreo, crece el secuestro de carbono por aumento de materia orgánica, y ambas consecuencias ayudan a mitigar el efecto invernadero.
La AC tiene beneficios directos para el empresario agropecuario, tanto en la gestión técnica como en el negocio. Por un lado, la certificación involucra el uso de registros y de información ordenada; que junto al relevamiento de los indicadores de calidad de suelo, agregan valor a la gestión agronómica; tornándola más confiable, precisa y profesional.
Por otro lado, es la herramienta que permite agregar valor, al internalizar la externalidad positiva que genera la SD y transformarla en valor agregado. Como está basado en principios y estándares generales con adaptación local, el certificado permite generar la diferenciación del proceso productivo bajo SD.
