La crisis mundial golpea a los productores y exportadores de biodiesel
La discusión en la UE por la sustentabilidad del producto refuerza la incertidumbre
A la baja en la productividad de las plantas instaladas por efecto de la recesión mundial, que redujo abruptamente la demanda internacional de biodiesel, se suma la incertidumbre por la falta y el encarecimiento de crédito sobre la puesta en marcha de nuevos emprendimientos que a fines de 2008 estaban prácticamente confirmados. El panorama para el sector es incierto.
A dos meses del inicio del año se vislumbra para el sector del biodiesel argentino un panorama oscuro e incierto: la actual crisis internacional deja sin actividad a muchas de las plantas elaboradoras del combustible vegetal en el país.
Con los emprendimientos productivos emplazados en el país entre 2006 y 2008 se alcanzó a elaborar a fines del año pasado unas 1,8 millones de toneladas (tn) de biodiesel destinadas a la exportación. Actualmente, las instalaciones prácticamente han cesado sus actividades.
“Todas las empresas con proyectos industriales ya establecidos mantienen el optimismo de que pronto podrán recuperar un nivel de producción que les permita cumplir con sus objetivos, pero naturalmente son conscientes de que la actual coyuntura es muy mala y el porcentaje de inactividad es alto”, indica Claudio Molina, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno.
Según el especialista, la recesión mundial redujo la demanda de diesel y al mismo tiempo el menor precio del petróleo y sus derivados quitó competitividad al biodiesel para atender al mercado voluntario (ya que se mantiene el uso en los sitios que cuentan con mandato legal de uso, es decir en los que se independiza la variable precio de la demanda).
Por otra parte, a la baja en la productividad de las plantas instaladas se suma la incertidumbre por la falta y el encarecimiento de crédito sobre la puesta en marcha de nuevos emprendimientos que a fines de 2008 estaban prácticamente confirmados.
Ante esta situación, Molina subraya como fundamental que en el corto plazo el Gobierno nacional elimine la Resolución 126/08 del Ministerio de Economía (que elevó las retenciones del biodiesel desde el 5 al 20 %). “Ante la actual coyuntura del comercio internacional, es imposible tributar derechos de exportación por encima de lo que contribuye cualquier otro bien industrial”, completa.
Asuntos pendientes
Además de la recesión mundial que complica al sector de los biocombustibles argentinos, para Molina existe un problema que es aun más significativo: se trata de la persistencia del subsidio a las exportaciones de biodiesel americano (u$s 1 por galón de biodiesel mezclado al diesel fósil o sea, unos u$s 300 por tonelada). “Este producto se conoce en el mercado como B99 (mezcla de 99 % de biodiesel con un 1 % de diesel mineral) y llega a Europa a precios muy bajos, a tal punto que en Rotterdam actualmente cotiza el biodiesel de soja por debajo del aceite crudo de soja”, detalla el experto.
Por otra parte, a decir de Molina, las discusiones que se generaron en la Unión Europea (UE) por determinar si los biocombustibles son sustentables o no y que tuvieron correlato en el texto de la nueva Directiva Europea de Energías Renovables para 2020 aprobada a fines de 2008, como así también en el nuevo proyecto de ley de biocombustibles de Alemania, han generado una incertidumbre adicional en los operadores del mercado europeo –que es el principal para el biodiesel argentino- y han deprimido todavía más el volumen operado.
En estos momentos, la Comunidad Europea analiza el establecimiento de un arancel extraordinario –salvaguarda- a las importaciones de biodiesel desde EE.UU. (B99), hecho que podría concretarse en marzo o abril próximo.
Además, deberían conocerse los procedimientos que la UE reconocerá como válidos para determinar la sustentabilidad de los biocombustibles en toda la cadena de valor, particularmente para el biodiesel de soja y de palma, que son los que más están en la mira.
“En este sentido, hay que recordar que el Joint Research Centre de la UE debería revisar el Anexo VII de la nueva directiva antes referida y tener en cuenta que el biodiesel de soja producido en países como la Argentina, donde la agricultura es sustentable –salvo excepciones que no representan más del 10 % del total del área sembrada- reduce muchísimos más gases efecto invernadero (GEI) que el 31 % considerado en dicho anexo con relación al diesel mineral que sustituye”, explica Molina. “De esta manera, se resolvería una gran traba que afecta al comercio de este biocombustible, ya que para ser apreciado dentro de las metas legales debe reducir más de un 35 % de las emisiones de GEI y justamente, el biodiesel de soja fue castigado en el Anexo VII con la fijación de un valor del 31 %. Si todo esto ocurre, debería mejorar significativamente el precio del biodiesel de soja en Europa, restituyendo la rentabilidad perdida por la industria argentina al momento de exportar”, concluye.
