Nueva Agricultura Certificada

publicado por paanews el 30 Agosto, 2010

El PAA en el XVIII Congreso de Aapresid

La Agricultura Certificada (a partir de ahora, AC) no es una simple innovación, sino que se sustenta en ser una innovación en sus tres dimensiones (institucional, organizacional y tecnológica) y  a su vez con el complemento de la calidad creciente a través de la mejora continua que brinda el estar enmarcada en un sistema de gestión de calidad.

Partiendo de esa definición, el subdirector del Programa de Agronegocios y Alimentos, Sebastián Senesi, comenzó su presentación en el XVII Congreso de Aapresid sobre la AC y la captura de valor.

Uno de los ítems fundamentales del proceso de agregación de valor es la construcción de la marca. ¿Por qué es importante imponer la marca? “Para cuidar el activo especifico, ya que es muy importante que el consumidor individualice AC, porque nos permitirá acercarnos a la góndola y “apropiarnos” de un mayor % de la cuasi renta originada a partir de la especificidad del activo”, enumeró Senesi.

Asimismo, el subdirector indicó que el camino hacia la construcción de la marca comienza con una trabajosa actividad de comunicación y presentación de AC en el mercado. “En muchos casos nuestros compradores no conocen a la Siembra Directa. A veces el mensaje es muy técnico y complicado de entender”, señaló Senesi y completó: “Podemos hablar de dos mercados, el interno y el externo. Y la comunicación será diferente para cada uno”.

Las empresas

Guillermo Cabrini, Caldenes SA y Grupo Romagnoli, tres firmas que lograron acceder a los beneficios de la AC, contaron sus experiencias en uno de los paneles que conformaron el Congreso. Coincidieron en que la AC “no es una meta, es un camino basado en la mejora continua y la gestión responsable. Es una forma de sentir y vivir la agricultura”.

La Madrugada fue el primer establecimiento en acceder a la certificación el 7 de mayo de 2010. Tempranamente desarrolló e implementó los protocolos de AC en las 206 hectáreas ubicadas en Arias (Córdoba). “El proyecto despertó el interés de quienes integramos esta empresa familiar por su carácter innovador y por considerarlo un avance cualitativo de la siembra directa”, contó Cabrini. “La responsabilidad empresaria exige no sólo generar rentabilidad sino también interactuar solidariamente con la sociedad y el ambiente y para ello la AC es una respuesta efectiva”.

Estancia Caldenes es un campo mixto de 18.190 has, ubicado en Cañada Seca, en el norte de Buenos Aires. Actualmente 4.500 hectáreas se dedican a la agricultura y 3.690 se reparten entre la cría extensiva, el engorde con feedlot y la cabaña Hereford. “En 2007 empezamos con las mediciones de indicadores físicos, químicos y biológicos y la AC fue la herramienta que buscábamos”, recordó Gustavo Soto, gerente de producción de la firma. “Luego de certificar notamos al personal involucrado, con un sentido de pertenencia dentro de un sistema ordenado donde se genera más y mejor información y dónde su gestión favorece una producción más eficiente”.

Grupo Romagnoli es la última empresa en haber certificado. Además de incluir a cuatro establecimientos propios, tiene la particularidad de haber certificado en dos en arrendamiento. Según Daniel Peruzzi, gerente de producción, “AC, se ha convertido en una carta diferencial a la hora de repactar los contratos de alquiler o bien de entablar una nueva relación comercial con los propietarios preocupados por la conservación de la calidad de su campo”. Además, se espera que estas primeras certificaciones sean contagiosas y “se expandan hacia otros campos arrendados que la firma posee, o bien estimulen a que nuevos propietarios vean en Grupo Romagnoli la oportunidad de una gestión ambientalmente responsable”, dijo Peruzzi.

Lo que viene

Otro de los paneles del Congreso estuvo encabezado por el especialista alemán Manfred Kern, de Bayer. “Soy parte del proyecto visión 2025-2050, con el que hacemos una proyección de lo que será la agricultura en esos próximos años. Como desarrollar un producto nos lleva 10 años, tenemos que saber cuáles serán las condiciones del mercado de aquí a 20 años”, señaló. Kern explicó que el mundo se está moviendo de una dieta vegetariana a una con orientación carnívora y que para el 2025 se duplicará la demanda de alimentos y deberá hacerlo también el abastecimiento.

Por otra parte, el científico indicó que la Argentina tendrá que poner un importante énfasis en la carne, incluso con posibilidades de crecer muy fuerte en la producción de porcinos.

“Hay que evaluar dónde están disponibles los recursos en el mundo. Habrá que decidir si producimos soja y la exportamos a China o la transformamos en algún otro producto”, consideró. Además, indicó que “las compañías productoras de alimentos se están preocupando cada vez más por el efecto en la huella de carbono. Y Aapresid es una de las primeras en preocuparse por esto, con la Agricultura Certificada. Es una cuestión estratégica”, consideró.

La sanidad

Enfermedades de fin de ciclo (EFC) y mancha ojo de rana (MOR) fueron dos de los temas que se trataron en otro de los paneles que conformaron el congreso.

Daniel Ploper, fitopatólogo de la Estación Experimental Obispo Colombres, repasó las diez EFC que más han afectado a la soja las últimas campañas y destacó que “roya asiática y Mancha Ojo de Rana son las dos patologías que causan más daño al follaje”.

Por su parte, Norma Formento, del INTA Paraná, advirtió que si bien los pronósticos anticipan que no habría condiciones de humedad generales predisponentes, “hay que estar atentos porque puede que algunas zonas reciban la humedad suficiente para que se dispare la enfermedad”.

“El primer mensaje que tienen que saber los productores es que Mancha Ojo de Rana no es una enfermedad de fin de ciclo, porque está demostrado que en la región pampeana aparece en estados vegetativos y luego se desarrolla hasta R-6”, apuntó con énfasis Marcelo Carmona, de la Cátedra de Fitopatología de la FAUBA. Y agregó: “Las EFC son lentas, permiten acomodar la toma de decisiones, mientras que MOR es explosiva y no da tregua”.

Carmona comparó las EFC con “retenciones evitables” y explicó que hasta que adquieren visibilidad, son “patógenos clandestinos, invisibles al monitoreo, pero cuando explotan causan daños de entre 10 y 15%”. Por eso recomendó dejar de lado los umbrales visuales como patrón para tomar decisiones de aplicación y destacó la importancia de las lluvias, que “activan los patógenos, sobre todo las que se dan entre R3 y R5.5”.

En MOR, ubicó el umbral de daño económico cuando haya entre 3 y 5 manchas de dos milímetros o más por folíolo promedio en los folíolos centrales.

“La tolerancia es baja porque está demostrado que por tonelada de rendimiento esperado se pierden 9 kilos por cada mancha promedio en los folíolos centrales si el cultivo está en R3 y hasta R5.5”, indicó el reconocido especialista de la UBA.

El agua

Un simposio, organizado en forma conjunta por Aapresid y la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), analizó las pautas de manejo para usar el recurso en forma sustentable y producir más. “Somos conscientes de la importancia central del agua y de la necesidad de demostrar que se hace un uso responsable del recurso”, afirmó Cesar Belloso, vice de Aapresid. La agricultura es el sector que más agua dulce consume en el mundo (el 70%).

Miguel Rapela, director ejecutivo de ASA, abrió el debate: “En 20 años, el agua de riego en la Región Pampeana va a ser muy difícil que tenga un origen geológico”.

Juan Manuel de Santa Eduviges (de Monsanto Argentina) explicó los nuevos eventos biotecnológicos que están preparando con tolerancia a condiciones de estrés hídrico. “Necesitamos generar sistemas de producción más eficientes en el uso del recurso”, planteó.

En paralelo, John Williams, comisionado del Departamento de Recursos Naturales de Australia, aportó experiencias de manejo agronómico relevantes. Dijo que la siembra directa es más eficiente en el manejo del agua, pero también señaló la importancia de evitar las pérdidas por filtraciones, lo que el llamó “el drenaje profundo”. Y recordó que todo el sistema agroecológico debe ser manejado con información precisa para evitar fenómenos como la salinización, la acidificación y la degradación de las zonas cultivables.


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